La tarde que por mayo viene entera, madurando los vientos y el sembrado, enrubiando trigales que se inclinan sobre suelos de panes presentidos. La tarde que por mayo viene y sabe que el calor es secreto de estos días, apretado calor que lleva dentro una voz de cosecha y esperanza… La tarde que por mayo viene alegre, con retoques de miedo y de ilusiones, la tarde que se fue, tan holandesa, tan sevillanamente convencida de volver con el lujo entre las manos, esa tarde que vimos siempre nuestra, aunque nos diera miedo confesarlo, esa tarde, por fin, tan blanquirroja, se decidió a escribir lo que soñaba. La gloria no ha llegado de mentira; la gloria no ha llegado medio hecha, travestida de falsos cacareos. La gloria se nos hizo sevillista con el peso que toda gloria tiene. “…Y si viene, que venga gigantesca, que venga como es, sin menoscabo; que venga como nunca aquí la vieron, que venga como sueña cualquier sueño”. Así, con esa voz, se lo pedía a la gloria que tanto se tardaba. Y vino, y vino toda desbordada, rebosada de clase y de alegría, conjunto de saber y de coraje, unión del pueblo con sus artesanos, comunión de alma y de la fuerza. ¡Cómo corrían, ángeles de blanco, sobre la yerba los del centenario! ¡Cómo gritaban, desde su delirio, miles de corazones sevillistas reclamando el pasado y el futuro! La clase, el señorío, la mesura. Si se supo esperar tantas esperas, supieron recibir el sueño tardo. Elegancia, alegría, desparpajo, y la gracia que baila o que improvisa, y la sangre sin freno y sin desmayo. Ahí estuvo el Sevilla, sin temerle a los vientos ingleses que venían. Una Copa de Europa aguarda cerca, y había que ganarla, como fuera. La tarde que por mayo se apagaba envuelta en noche azul de holanda fina, se hizo sevillana y blanquirroja, campeona y total, ancha, tan nuestra, que el mundo entero se quedó asombrado al sentir el acento sevillista pronunciar como nunca el alto sueño. Un sueño que era suyo, necesario. Y la gloria vistió la camiseta blanquirroja que lucen los valientes. Y el sur se hizo Sevilla en un suspiro, y Sevilla un equipo, una esperanza. La tarde, qué especial, y qué señora. Y Dios qué palangana y sonriente…Antonio García Barbeito
Diario La Razón
Viernes 12 mayo 2006

